Ella llegó al estudio con una idea clara: quería remplazar un anillo ancho de cobre que había comprado en una feria artesanal por una pieza especial. Buscaba una pieza significativa, hecha en un material noble, oro de 18k, debía ser ancho, sólido y con un carácter único.
Quisimos mantener el estilo rústico y descontracturado que tanto la representaba, con la belleza imperfecta de lo hecho a mano. Decidimos darle un toque personal añadiendo tres pequeños brillantes, un tributo a sus tres hijos, y acompañamos estas gemas con delicadas estrellas talladas, llenando de simbolismo cada detalle.
El resultado fue un anillo único, simple en su diseño, pero cargado de historia y significado. Para crearlo, reciclamos algunas joyas antiguas que ya no usaba, dándoles nueva vida en una pieza para llevar cada día. Este anillo no solo representa su historia, sino también la belleza de lo eterno y lo renovado.