Historias Reales
Una historia que vuelve a la mesa
The plates are part of a tea set my mother in law received when she was in Ireland. When she passed away my husband(her son) and I received the tea set. With the clarification that the tea pot was cracked and could not be used. I have never used the set and it’s been boxed up and moved many times. My friend Maggie told me about you when she got her jewelry created. My Niece is getting married this May and I thought this would be a great way to incorporate her Grandmother (my mother in law) into the event. And the additional pieces are for others in the family that had a special connection to my mother in law. And this is a great way to use pieces rather than having them sitting in a box somewhere.
Jennifer.
Flor de mburucuyá
En 2005 cuando me fui a vivir sola, mamá me regaló un juego de vajilla que le habían regalado a ella en el 78, cuando se casó con mi viejo y que había guardado intacto por casi 30 años. Más que el regalo fue la tarde de risas abriendo las cajas, haciéndome cuentos. Mi casa nueva no tenía sofá pero si un juego completo de porcelana de un millón de piezas, decoradas con flores de mburucuyá, que amo. Lo usé a morir, todos los días durante años. Algunas piezas quedaron por el camino, cómo todo lo que se disfruta y se usa una y otra vez. Mamá murió en el 2014 y unos pocos días después se me rompió un plato. Lloré a mares. Fue como que me partieran a mi al medio.
Carla.
Las ocho mujeres
Mi padre hacia horas extra, trabajando como mecánico en los barcos. Un día, invirtió lo cobrado durante un mes, en un juego de loza inglesa que le vendieron en uno de éstos; el juego más hermoso y delicado, con flores en tonos pastel y ribetes de oro. Mi padre nunca fue demostrativo, pero aquel regalo, sin lugar a dudas, era un acto y una demostración de amor... y así quedó investido en mi familia. Cada pieza era muy valiosa, no solo por la delicadeza de su diseño, sino también por las horas de esfuerzo invertidas en aquel regalo y la significancia de aquel gesto.
Rossana.
Las tazas que crecían con ella
Cuando tenía seis años, descubrí en un aparador antiguo de mi abuela un hermoso juego de losas. Estaba compuesto por unas 45 o 50 piezas, que iban desde diminutas tazas con sus respectivos platitos hasta una sopera e incluso una mantequera. Siempre estaban guardadas para ocasiones especiales, como su cumpleaños o reuniones familiares. Cada día, al regresar de la escuela, mi abuela me preparaba avena con leche y me la servía en una de las tazas más pequeñas, como si fuera un té de muñecas. A medida que fui creciendo, el tamaño de la taza aumentaba conmigo. Aquellas tazas no solo contenían mi avena, sino también el amor y la dedicación con los que ella me cuidaba.
Cio.
