FREE SHIPPING TO URUGUAY ON ORDERS OVER $5000.

Las tazas que crecían con ella

Las tazas que crecían con ella

Cuando tenía seis años, descubrí en un aparador antiguo de mi abuela un hermoso juego de losas. Estaba compuesto por unas 45 o 50 piezas, que iban desde diminutas tazas con sus respectivos platitos hasta una sopera e incluso una mantequera. Siempre estaban guardadas para ocasiones especiales, como su cumpleaños o reuniones familiares.

Cada día, al regresar de la escuela, mi abuela me preparaba avena con leche y me la servía en una de las tazas más pequeñas, como si fuera un té de muñecas. A medida que fui creciendo, el tamaño de la taza aumentaba conmigo. Aquellas tazas no solo contenían mi avena, sino también el amor y la dedicación con los que ella me cuidaba.

Durante mi adolescencia, le pedía con insistencia que me dejara su juego de losas como herencia de su amor. Sin embargo, mi padre —su hijo— me regañaba cada vez que sacaba el tema.

Con el paso del tiempo, mi abuela enfermó. Ya adulta, en una conversación íntima mientras ella yacía en su cama sin poder levantarse, me tomó la mano y me dijo:

“Kelcy, en el cajón del aparador hay unos manteles. Puedes usarlos para envolver la losa y llevártela.”

En ese instante, mi corazón se paralizó. Comprendí que se estaba despidiendo. Había pasado la mitad de mi vida pidiéndole aquel juego y, cuando finalmente me lo dio, sentí una tristeza profunda.

Desde el día en que falleció, uso sus platos a diario. Es mi manera de mantenerla presente en mi vida. Los lavo a mano después de cada almuerzo y cena, como un pequeño ritual en su honor.

Un día, por falta de tiempo, mi novio los lavó por mí y, sin querer, rompió una de las piezas. Fue en ese momento cuando decidí contactarlas para transformar aquel fragmento en una pulsera.

Ahora, cada vez que la llevo puesta, siento que una parte de ella sigue conmigo.

Cio.

What are you looking for?

Your cart